Podemos estar seguros de que nadie que no sea fanático de la gimnasia sabrá decirnos el nombre de la actual campeona del mundo, pero todos habrán oído hablar alguna vez de Nadia Comaneci... Nuestra estrella invitada de hoy es la viga de equilibrio, el único aparato de la gimnasia femenina del que no hemos hablado todavía, terror de gimnastas y entrenadores. Shushunova vs. Silivas. Seúl, 1988. Daniela Silivas, 17 años pero mucha experiencia –gracias a la habitual treta rumana de falsificar edades competía internacionalmente desde los 13... Presencia habitual en los más importantes podios de la gimnasia desde hace ya tres décadas, Rumania ha patentado un estilo impersonal y utilitario que le ha reportado tantos éxitos internacionales Los ejercicios superiores son aquellos en los que el gimnasta mantiene todo el tiempo la forma (piernas siempre extendidas y juntas, o rodillas y codos que no se doblan, por ejemplo), enlaza elementos en forma dinámica Hoy le toca el turno a un favorito de la hinchada:el ejercicio de suelo, de los más antiguos y llamativos que existen, con sus vistosas series acrobáticas. Las rutinas de suelo tienen una duración predeterminada Por primera vez en dieciséis años, Argentina no tuvo representación en gimnasia. En 1992 participaron tres atletas. (...) Virginia Deluzio, la única gimnasta con chances, no consiguió clasificarse durante el mundial a causa de una lesión.

ALCANZAR LO IMPOSIBLE

Por: Maria de Lourdes Morando

   Por qué amo la gimnasia artística, y de qué va a tratarse esta columna

Cada mínimo elemento de la gimnasia artística encierra una dificultad enorme. No sólo las increíbles series acrobáticas, no sólo los saltos de extensión imposible: los movimientos más básicos de cualquier rutina son el resultado de miles de horas de entrenamiento y sacrificio por parte de atletas que, en su inmensa mayoría, jamás conocerán la gloria de títulos mundiales o medallas olímpicas. El más pequeño error puede llevar a una dolorosa caída: completar una rutina, incluso las más pobremente ejecutadas, exige siempre grandes dosis de esfuerzo, determinación y coraje. Y aún así, créase o no, hay quienes consiguen elevar cada movimiento a la categoría de arte…

¿Ya están interesados? Ojalá que sí, porque ése es exactamente el propósito de esta columna: acercar el fascinante espectáculo de la gimnasia a todo aquél que quiera disfrutarlo. Prometo drama, acción, suspenso, romance, aventura y algunos chismes. Semana a semana, encontrarán aquí datos, curiosidades, biografías, campeonatos inolvidables y también algunas nociones técnicas básicas, porque este es un deporte artístico, y sus rutinas, como las obras de arte, pueden gustarte aunque no entiendas nada, pero se disfrutan mucho más si uno sabe qué mirar…

También quiero invitar a quienes ya sean fanáticos de este deporte, que en la Argentina cuenta con tan pocos espacios, a utilizar éste como foro para opinar, comentar, discutir, preguntar, compartir, pelearse o lo que tengan ganas: son bienvenidos.
Gimnasia artística. Gente que hace posible lo imposible. ¿Cómo no amar este deporte?

 

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Cuentos Chinos
Crónica muy poco objetiva de algunas cosas que pasaron en Beijing

Por Maria de Lourdes Morando
                       
¿Cómo están? Hace un tiempo, recordarán, escribí anticipando la competencia en Beijing 2008. Se vislumbraba entonces un duelo apasionante por equipos, finales individuales sin mucha emoción, y la posibilidad de alguna sorpresa. Pues bien, los juegos llegaron, pasaron y dejaron varios momentos para el recuerdo, feliz o no tanto. Estos son algunos:

Por fin, por fin, por fin, las chinas consiguieron unir eficacia a su talento y se llevaron la medalla dorada por equipos. Célebres por rompernos el corazón al fallar en los elementos más estúpidos de sus magníficos ejercicios, esta vez dieron cátedra, brillaron y ganaron con toda justicia. Una vez más: ¡Por fin!

Ahora, los que nos rompen el corazón son los rusos. Representan la historia viva de la gimnasia, por tradición, por nivel, por belleza, pero desde hace algunos años enfrentan un serio proceso de decadencia. En estos Juegos apenas si cosecharon dos bronces en la rama masculina. En la femenina, donde por primera vez en la historia olímpica  quedaron fuera del podio grupal, nada. Ni una miserable medallita. Queda una esperanza: cualquier fanático de este deporte sabe que si hay gente con la disciplina, la capacidad y la tozudez para salir de semejante pozo, esa gente vive en Rusia. Y practica gimnasia. Estamos con ellos.

Por primera vez en dieciséis años, Argentina no tuvo representación en gimnasia. En 1992 participaron tres atletas. En 1996, una. En el 2000, Melina Sirolli, única argentina participante, fue 48º y estuvo cerca de la final. En 2004 ya se vislumbraba la seria crisis, pero Celeste Carnevale (imagen izq), que se había quedado a las puertas de una merecida participación, entró a último momento por la lesión de una polaca. En 2008, nadie. Virginia Deluzio, la única gimnasta con chances, no consiguió clasificarse durante el mundial a causa de una lesión. Quedaba la posibilidad de una invitación especial, pero como Sudamérica ya estaba bien representada por el equipo de Brasil, que hasta no hace mucho tenía el mismo nivel que Argentina y hoy es potencia mundial, y por la sorprendente venezolana Jessica López Arocha, las invitaciones viajaron a Egipto y a Vietnam, y colorín colorado, Argentina se quedó afuera. Me gustaría decir que esto servirá como llamado de atención, y se tomarán medidas, pero seguramente no será así Es una lástima que en un país donde la gimnasia es muy practicada, sobre todo por nenas, los atletas no tengan el apoyo suficiente. Todo nuestro cariño para la gente talentosa que pone su mayor esfuerzo y para todo lo demás, lamentablemente, tiene que depender  de la suerte. Ojalá la tengan.

El nuevo código de puntuación es, efectivamente, muy extraño. Parecía la mejor alternativa para devolverle emoción a un deporte cada vez más chato, pero a cada paso presenta problemas inesperados. El último fue el muy raro sistema de desempate aplicado en los Juegos, y que nadie terminó de entender. Los norteamericanos aún opinan que Nastia Liukin debió compartir el oro en asimétricas con la china He Kexin, en lugar de tener que conformarse con el segundo lugar en el podio, y aprovechan para denunciar una vez más que el comité chino de gimnasia falsificó los documentos de He para que tuviera la edad mínima requerida para competir (16). Nadie pudo probarlo, pero es muy posible que sea cierto, lo que haría aún más alucinantes la técnica, la elegancia y la potencia de esta chiquita…        

A Yuri Van Gelder no lo invitaron nada. Si no recuerdan al bueno de Yuri, chequeen mi artículo sobre anillas. Al mayor especialista del mundo no le alcanzaba su segundo puesto en el mundial para clasificar para los Juegos, y dependía de una invitación de la Federación Internacional de Gimnasia. Mientras aguardaba la decisión final, Yuri mató el tiempo consagrándose campeón de Europa. Pero ni así le alcanzó. Una vergüenza. Por lo pronto, es una buena noticia confirmar que sigue compitiendo, ya que muchos han abandonado tras golpes así. Y es casi un deber de esta columna informar al público que este joven ha posado desnudo para una conocida revista en el gimnasio donde diariamente entrena. Búsquenlo en la web que vale la pena, les interese o no la gimnasia…

Hasta la próxima!

Beijing 2008: Videos Recomendados

Aclaración: el Comité Olímpico internacional impidió que cualquier grabación de las competencias en Beijing fuera subida a sitios como YouTube, pero las rutinas que van a ver, aunque correspondan a otros torneos, son las mismas que los atletas presentaron en los Juegos. Que las disfruten.

He Kexin. Asimétricas. Elegancia para entendidos sí, y sueltas espectaculares para alegría de la hinchada, también: este ejercicio lo tiene todo. Esta competencia tuvo lugar este año en Doha, Qatar, y gentes sabias que dominan el árabe (no es mi caso) afirman que el locutor presenta a la gimnasta como “He Kexin, 14 años”. Si de verdad es así, dios mío, ¿A qué edad aprendió a hacer estas cosas?

 Shawn Johnson. Viga. La norteamericana Shawn Johnson es gimnasta senior desde hace sólo un año, período en el que arrasó con cuanto título se le puso por delante. En el concurso individual de Beijing tuvo que cederle el primer lugar a su compatriota Nastia Liukin, cuya ascendencia rusa, por suerte, aporta un poco de sutileza a la forma potente y un tanto brutal de hacer gimnasia en el país del norte. Shawn, en cambio, es un producto 100% made in USA, pero aquí en la viga, donde se llevó el oro, le perdonamos todo  a causa de a) una ejecución sin fallas, b) una primera línea acrobática poética, que despliega la velocidad, la precisión y la suavidad de un ejercicio de suelo sobre 10 cm de ancho, c) un desmonte espectacular y,
d) bombos y platillos, un mortal atrás con pirueta (0:37) que saca literalmente de la nada. Las pocas gimnastas que realizan este elemento lo ubican siempre al final de una línea acrobática, para generar la velocidad y la enorme fuerza necesarias, pero lo que hace Shawn es como acelerar de 0 a 100 en 1 segundo. Y no exagero. Gloria y loor.     

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Rumbo a Beijing: aquellos duelos

Por: Maria de Lourdes Morando

En poco tiempo comenzarán, una vez más, los juegos olímpicos. Desde Beijing nos prometen los más espectaculares que hayamos conocido. La competencia por equipos en gimnasia femenina se anticipa sabrosa, con chinas y norteamericanas dispuestas a todo por el primer lugar. Pero hay algo que estos juegos, pese a su perfecta organización, no podrán ofrecernos. Nuevamente, como desde hace ya varios años, no habrá allí dos supergimnastas peleando por la medalla dorada individual. Lejos quedaron los días en que dos princesas de este deporte dividían a los fanáticos y nos mantenían atornillados a los asientos, en un duelo de perfección que no se resolvía hasta el último segundo de competencia. En memoria de  tiempos mejores, y más emocionantes, les traigo hoy estos dos ejemplos:

Shushunova vs. Silivas. Seúl, 1988. En este rincón, por la Unión Soviética, Elena Shushunova, 19 años, lo que en gimnasia (sobre todo en esa época) significa que no habrá otra oportunidad, un estilo fuerte y agresivo algo insólito para un equipo acostumbrado a brillar en lo artístico, ejercicios de una dificultad alucinante. En el otro rincón, por Rumania, Daniela Silivas, 17 años pero mucha experiencia –gracias a la habitual treta rumana de falsificar edades competía internacionalmente desde los 13- gran bailarina, precisa, fresca y alegre, una de las pocas gimnastas que parecía disfrutar de lo que estaba haciendo. Elena y Daniela llegan a la final individual separadas por 0.05 puntos, y pelean cada ejercicio con el alma. Saben que cualquier mínimo error les costará el oro. Y no los cometen. El último ejercicio de la noche, el que decide todo, es el salto.

 

Para Silivas no es un aparato fuerte, pero en esas instancias cuentan casi únicamente el corazón y la garra. La alta calificación que obtiene fuerza a Shushunova a obtener un 10 perfecto para llevarse el oro. Algo imposible bajo esa presión. Pero Elena lo hace. No una, sino dos veces. Hasta hoy se discute quien debió ganar. El humilde voto de esta columna es por Shushunova, que no era linda, ni carismática. Apenas gigante cuando de hacer gimnasia se trataba.

 Barcelona, 1992. La bielorrusa Svetlana Boguinskaya había tenido una participación destacada en las olimpíadas anteriores, llevándose el bronce en la individual general. Pero los de España iban a ser sus últimos juegos- ya tenía 19 años- e iba por toda la gloria. El mundial de Indianápolis, un año antes, le había puesto nombre a su rival :  Kim Zmeskal, diminuta, norteamericana. Entrenada por Bela Karolyi, el legendario técnico rumano ahora afincado en los Estados Unidos, Kim le arrebató la corona mundial en un duelo caliente que incluyó insultos de la bielorrusa y abucheos varios por parte del público. Alegando que sólo había triunfado por ser local, Svetlana se negó a saludarla en el podio y prometió que en Europa las cosas serían diferentes. Europa eran los Juegos Olímpicos, y todos morían por verlas enfrentarse nuevamente. Pero en aquella esperadísima final, Zmeskal cometió de movida un error que la marginó de la lucha por el primer lugar, y las rutinas de Svetlana, perfectamente ejecutadas pero algo escasas de dificultad, no lograron convencer al jurado. Y así fue como el duelo de la noche terminó teniendo dos protagonistas inesperadas.

Tatiana Gutsu venía de Ucrania, parecía una muñeca de porcelana, realizaba ejercicios de una dificultad increíble, tenía la mirada siempre triste. Su talento para la gimnasia había llevado a su numerosa familia de una minúscula habitación a un amplio piso con vista al Mar Negro; tal vez demasiadas cosas dependían de ella, que apenas si tenía 15 años. La norteamericana Shannon Miller también tenía 15 años, ejercicios complejos y parecía de porcelana, blanca y rubia, pero hacía gimnasia para divertirse, y su mamá hasta la había acompañado a perfeccionarse a Rusia. En un final para el infarto, Tatiana terminó llevándose el oro por 0,012 puntos, el margen más estrecho en la historia olímpica. Como en el caso anterior, todavía hay gente polemizando sobre la justicia del resultado. Algunos sostienen que a Estados Unidos, que recién asomaba como potencia, no lo dejaron superar a la histórica ex Unión Soviética. No parece muy posible.  Consultados otra vez, nuestro corazoncito va hacia Tatiana, por la ternura que daba verla realizar maravillas casi con resignación…

Hasta la próxima!  

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Aquí están, éstos son, los aparatos en los que se compite en gimnasia

Hoy: las paralelas, las anillas, el caballo con arzones.

Por: Maria de Lourdes Morando

 

Llegamos hoy al final de nuestra recorrida por los distintos aparatos de la gimnasia artística, con los tres que son patrimonio exclusivo de la competencia masculina, los menos emparentados con los de la competencia femenina, y, lamento decirlo, los más aburridos para el público no iniciado. Sucede que son aparatos que permiten un rango limitado de movimientos y que no dejan mucho lugar para la creatividad y la innovación, por lo que las competencias suelen consistir en un desfile de gimnastas haciendo exactamente lo mismo, con mínimas variaciones, a ver a quién le sale mejor... Para el espectador puede resultar aburrido, pero también es una buena oportunidad para descubrir si nos estamos volviendo expertos y somos capaces de detectar, en rutinas en apariencia iguales, la mayor dificultad en la combinación de elementos o una mayor limpieza en la ejecución. Los ejercicios superiores son aquellos en los que el gimnasta mantiene todo el tiempo la forma (piernas siempre extendidas y juntas, o rodillas y codos que no se doblan, por ejemplo), enlaza elementos en forma dinámica, sin pausas, y sostiene los elementos de fuerza durante, al menos, dos segundos.

INDUMENTARIA:.

..con los avances de la ciencia y la moda esta ha ido cambiando significativamente para el deportista

RUGBY: Antes de cada Mundial de 15, un indiscutible candidato se pronuncia a viva voz en cada micrófono: Nueva Zelanda.Los eternos número uno...

Otro aspecto para prestarle atención es en cuántas finales distintas vemos a un mismo gimnasta, ya que la respuesta probablemente sea solamente en una. En los Juegos Olímpicos de 1992, en Barcelona, el alucinante bielorruso Vitaly Scherbo se llevó 6 medallas doradas (sobre 8 posibles), pero esa época es pasado. El nuevo código de puntuación, que requiere más y más dificultad, ha venido a profundizar un fenómeno que en la gimnasia femenina se da mucho menos, pero en la masculina es moneda corriente: la especialización de los gimnastas. Cada vez es más notoria la división entre gimnastas que trabajan para obtener un nivel parejo en los 6 aparatos para competir en el concurso completo, y los que se dedican sólo a uno. Así que cuando veamos a un gimnasta aparecer en una y sólo una final por aparatos sabremos que se está jugando la vida, porque, por increíble que parezca, es alguien que pasa horas y horas en un gimnasio perfeccionando hasta límites demenciales los más mínimos detalles de una única rutina. Lo de jugarse la vida no es una metáfora: el sueño mayor de todo gimnasta es siempre la medalla olímpica, y competir en un solo aparato reduce las posibilidades de clasificar para los Juegos a una única chance: ganar la final del mundial del año anterior a las Olimpíadas. Imagínense: un mal día de competencia, un mínimo error, y años de esfuerzos se vuelven, en un segundo, inútiles. Le pasó en el último mundial a Yuri Van Gelder, un holandés sin rival en las anillas, que curiosamente lleva el nombre de la mayor leyenda de este aparato (ya sabrán quién), y que tras quedar segundo en la final, depende ahora de una invitación de la Federación Internacional para poder estar en Beijing (ustedes dirán: cómo no lo van a invitar…pero son muy capaces de no hacerlo). Así que, si me disculpan, voy a dejarlos  en compañía de los  mayores especialistas de estos tres eventos, y me voy a prender una velita por el pobre Yuri, que debe estar comiéndose los codos.

 
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Aquí están, éstos son, los aparatos en los que se compite en gimnasia

Hoy: la viga de equilibrio.

Por: Maria de Lourdes Morando


Nuestra estrella invitada de hoy es la viga de equilibrio, el único aparato de la gimnasia femenina del que no hemos hablado todavía, terror de gimnastas y entrenadores. Todas rezan para que no les toque empezar por allí las competencias, y, aunque hay gente para todo, no encontrarán quien les diga que es su aparato favorito. La razón está al alcance de cualquier novato: la viga, esa pieza de madera ubicada a 1,25m del suelo, tiene 5m de largo y… ¡10 (sí, 10) cm de ancho! Sobre esa mezquina superficie se espera que las gimnastas realicen vistosas combinaciones de danza, saltos y acrobacia. Como en ningún otro aparato, la viga no perdona el más mínimo error: imagínense que una desviación de pocos centímetros durante la ejecución de cualquier elemento implica, literalmente, quedarse sin suelo bajo los pies, y que esto aumenta los nervios que ya de por sí siente la gimnasta, nervios que no puede permitirse si quiere completar la rutina exitosamente. A nadie le gusta la viga. Sólo al público. Surgido a partir del banco sueco, un elemento muy similar, pero ubicado a ras del suelo, que se usaba en los gimnasios para ejercitarse, este aparato fue el último en incorporarse a la competencia oficial. Ocurrió en el mundial de Budapest, Hungría, en 1934, y las pocas crónicas que se conservan nos cuentan que la local Gabi Muzaros fue capaz de realizar un split (salto con una apertura de piernas de 180º) sobre la viga, actitud verdaderamente heroica si se considera que el aparato tenía entonces sólo 8 cm de ancho.

Ojalá la pobre Gabi tenga un monumento en alguna plaza húngara, porque ni siquiera ganó: la campeona, nos informan, fue la italiana Elda Lividino, de 14 años, "por su gracia y artística presentación". Y es que la viga fue durante mucho tiempo un aparato de expresión coreográfica y equilibrio sobre las manos, que apenas si incluía alguna sencillísima acrobacia.

Recién en los años ’70, cuando, por seguridad, la viga desnuda de madera fue revestida de cuero y amortiguada sobre resortes, las chicas comenzaron a animarse a movidas más complejas. Una vez más, las pioneras fueron nuestras ya conocidas Olga Korbut y Nadia Comaneci. Poco a poco, los ejercicios empezaron a incluir mayor dificultad, y hoy no es raro ver sobre la viga series acrobáticas difíciles incluso de realizar en suelo. Aunque las rusas marcaron el camino las maestras de este evento son sin duda las chinas, dueñas de las rutinas más bellas, creativas y originales de la historia de la gimnasia, aunque su ya famosa inconsistencia las ha privado de muchísimas medallas que merecían. Que merecían y generalmente han terminado en manos de las rumanas, que no son artísticas para nada pero jamás (reitero: jamás) se caen y probablemente sigan adelante con la rutina aunque les disparen desde las tribunas. De un ejercicio de viga los jueces esperan fluidez, continuidad en el movimiento, seguridad y combinación de  elementos. Las series acrobáticas de al menos dos elementos son hoy obligatorias, al igual que el giro de 360º, el split y los movimientos en los que el cuerpo toca la viga. Con la creciente complejización de las rutinas, llegó a hablarse de ensanchar el aparato. Nunca sucedió. Tal vez en la Federación Internacional pensaron que esto atentaba contra la esencia misma del ejercicio. Porque -aunque el talento no viene mal- la viga, ese aparato donde los nervios traicionan más que en ningún otro, es más que nada un asunto de garra, coraje y buena suerte.

 

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Gloria, apogeo y caída: una historia de la gimnasia rumana.

¿Quieren saber si verdaderamente empezaron a entender de gimnasia artística?

Por: Maria de Lourdes Morando

Realicen entonces esta prueba infalible: ¿Han comenzado a enojarse con las gimnastas rumanas? Si la respuesta es sí, ¡Felicidades! Están pasando de simples espectadores a conocedores/as. Si la respuesta es no, todavía les falta un poco… o son  rumanos.

Presencia habitual en los más importantes podios de la gimnasia desde hace ya tres décadas, Rumania ha patentado un estilo impersonal y utilitario que le ha reportado tantos éxitos internacionales como iras por parte de los fanáticos del deporte. El problema resulta especialmente notorio en la gimnasia femenina, ya que de los hombres se espera  más que nada un despliegue de  fuerza (que los rumanos tienen, y de sobra) y no tanta belleza en los movimientos. Las gimnastas, se supone, tiene en cambio el objetivo de equilibrar poder y gracia, arte y deporte, pero las rumanas pasan olímpicamente de cosas tales como estilo y elegancia en favor de elementos acrobáticos que les permitan sumar más puntos y ganar las competencias.

Año a año, los entrenadores de este país nos decepcionan con rutinas robóticas, carentes de todo riesgo, diseñadas para minimizar las chances de error y embolsar todos los títulos.  Digámoslo de una vez: ningún amante de la gimnasia hincha por Rumania, o por lo menos no por la Rumania de los ’90, o de los últimos años.  Porque esto no siempre fue así. La primavera de la gimnasia rumana comenzó en los juegos olímpicos de Montreal, en 1976, con la diminuta Nadia Comaneci asombrando al mundo de la mano del brillante entrenador Bela Karolyi. Lejos de ser robótica, Nadia era etérea, delicada, pura gracia. Aunque con menos talento, claro,nadie podía igualarla, sus compañeras de equipo lo eran también, y así Rumania sorprendió en aquellos juegos con un progreso espectacular, fruto de una férrea disciplina de trabajo que, justo es reconocer, aún mantienen, y que le permitió ganar la plata por equipos, detrás de la invencible Unión Soviética. Durante el resto de la década del ’70 y hasta bien entrados los ’80, Rumania le disputó el liderazgo a las soviéticas palmo a palmo, en buena ley y con sus mismas armas: la gracia, la potencia, la elegancia, la innovación. Y la gloria llegó, finalmente, en el mundial de Rotterdam, en 1987. Imposible no enamorarse de aquella selección rumana. Del talento imposible de Aurelia Dobre. De la frescura de Daniela Silivas. Del coraje de Ekaterina Szabo, veterana de mil batallas. De esa seguidilla alucinante de rutinas bellas, creativas y sorprendentes que las llevaron a un primer puesto por equipos tan histórico como merecido. Cualquiera hubiera hinchado por Rumania en aquella época. Después llegaron los Juegos Olímpicos de Seúl, en 1988, y aunque las chicas, golpeadas por una grave lesión de Dobre que sólo le permitió mostrar destellos de su increíble talento, tuvieron que volver a conformarse con el segundo puesto grupal, mostraron todavía un estilo artístico y depurado. Aquellos fueron los juegos de Daniela Silivas, que se llevó tres medallas individuales y personificó el estilo etéreo de hacer gimnasia, en contraposición al de la otra figura de aquellas olimpíadas, la soviética Elena Shushunova, bajita, musculosa y pura potencia.

Cómo cambiaría todo…
Porque un día de 1988 llegó a la selección Octavian Belu, entrenador varias veces acusado de castigar físicamente a sus pupilas, cuyo lema era: hay que entrenar. Hay que competir. Hay que ganar. Y ya no hubo ni arte, ni elegancia ni emoción en la gimnasia rumana, reemplazadas por combinaciones acrobáticas sin alma, seguras y a prueba de errores. Y se inició un ciclo de éxitos rumanos aburridísimos, y miles de fanáticos alrededor del mundo tuvimos que acostumbrarnos a ver triunfar una y otra vez la ejecución impecable y desteñida por sobre el riesgo y la creatividad.

Cierto es que no se puede culpar a las atletas, o a los técnicos, por este brusco viraje : en un país donde el bienestar económico es muy difícil de alcanzar, la gimnasia es uno de los pocos trabajos que permite tener un buen ingreso, y ese ingreso, pagado por el Estado, depende en gran medida de los resultados obtenidos.

No es extraño que las gimnastas no quieran arriesgarse, (aunque uno no pueda evitar preguntarse si de chicas no soñaban con ser Nadia, Dobre o Silivas…).

Hoy, la gimnasia rumana enfrenta a una grave crisis. Luego de varios ciclos en los que el código de puntuación festejaba una buena ejecución por sobre todas las cosas, la Federación Internacional de Gimnasia se ha decidido a premiar la dificultad de las rutinas, haciendo tambalear las bases mismas del programa rumano. A esto, sobre llovido, mojado, hay que sumarle  la renuncia de Belu, en 2005 (luego de un escándalo con gimnastas que se escapaban de los entrenamientos para frecuentar locales nocturnos), con todo lo que implica un cambio de conducción después de tantos años, y la entrada de Rumania en la Unión Europea, que hizo crecer significativamente la economía del país y tuvo un tremendo impacto en la gimnasia: al aparecer otras oportunidades de progresar económicamente, menos gente está dispuesta a deslomarse nueve horas diarias en un gimnasio, o a separarse de sus hijos pequeños para mandarlos al centro de entrenamiento olímpico de Deva, en Transilvania, histórico forjador de campeones. La debacle de la gimnasia rumana es profunda, y por primera vez en muchos años, nadie espera que se lleven el oro olímpico en los próximos juegos de Beijing. Se espera, sí, secretamente, que, puestas a barajar y dar de nuevo, las nuevas generaciones prefieran recuperar, antes que el éxito, la gloria; que una gimnasta rumana vuelva a emocionarnos; y que, si regresan a lo más alto del podio, sea por haber arriesgado, luchado y entregado toda la belleza que hace imposible no amar este deporte. Le rezamos a Santa Nadia para que así sea.

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Aquí están, éstos son, los aparatos en los que se compite en gimnasia artística (III)

Hoy: el ejercicio de suelo.

Por: Maria de Lourdes Morando

Seguimos de recorrida por los distintos aparatos de la gimnasia, amigos, y hoy le toca el turno a un favorito de la hinchada: el ejercicio de suelo, de los más antiguos y llamativos que existen, con sus vistosas series acrobáticas. Las rutinas de suelo tienen una duración predeterminada de entre 50 y 70 segundos para los hombres, y de entre 70 y 90 segundos para las mujeres, y se practican sobre un tapiz de 12x12m montado sobre resortes. Los resortes tienen el doble fin de permitir a los gimnastas alcanzar mayor altura en sus saltos y acrobacias, y de evitar al público el espantoso espectáculo de verlos fracturarse ambas piernas en cada aterrizaje.

Los hombres realizan sus ejercicios sin música, y entre serie y serie acrobática enlazan, más que nada, elementos de fuerza. Las mujeres, en cambio, deben obligatoriamente incluir elementos coreográficos, giros y saltos entre mortal y mortal, al ritmo de una música sin voces.

Hasta principios de los años ’80, el suelo femenino era básicamente una demostración de danza salpicada por algunas acrobacias simples, que las chicas ejecutaban con el acompañamiento de ¡un pianista en vivo! Como lo leen: en plena era de la música disco, y con el rock cumpliendo ya su segunda década, en la gimnasia seguían dale que dale con la pianolita -era raro-. Por entonces, el tapiz ni siquiera tenía resortes, por la sencilla razón de que no hacían falta: los pases acrobáticos complejos, que requieren de una mayor elevación para ser realizados, sólo serían posibles con la aparición del biotipo de gimnasta diminuta del que ya hemos hablado en esta columna. La pionera en el cambio fue, una vez más, Nadia Comaneci, cuando en la American Cup ’76 deslumbró con un doble mortal atrás, un salto que hoy por hoy es demasiado sencillo para la alta competencia, pero que en aquel suelo sin rebote resultaba poco menos que un milagro (Nadia era mágica, todas querían ser Nadia).


En el caso puntual del ejercicio de suelo, ser bajita no es una ventaja, es una necesidad. Es muy difícil para una persona de estatura promedio alcanzar la altura suficiente para completar un mortal en el aire. (Pregúntenle si no a Svetlana Khorkina, diva rusa que pasó toda su carrera disimulando a fuerza de gracia y carisma lo que sus largas piernas le impedían realizar…). Para pases acrobáticos con alto grado de dificultad, también es necesaria una enorme potencia, que no todas las gimnastas poseen. Un buen ejemplo de esto resulta Nastia Liukin, estrella del actual equipo norteamericano que deslumbra en viga y paralelas y es reconocida por su elegancia al bailar, pero carece de la fuerza necesaria para las acrobacias más complejas. También las gimnastas chinas, menudísimas por naturaleza, suelen tener problemas para realizar pases difíciles, aunque lo compensan con una férrea formación en ballet y coreografías deliciosas. Las norteamericanas son el ejemplo típico de gimnasta explosiva, más poderosa que bella. Las rumanas son famosas por sus increíbles acrobacias y sus coreografías espantosas. Las rusas, por el cuidado y la delicadeza que ponen en ambos aspectos de su rutina.

Suele decirse que el suelo es el ejercicio en el que la gimnasta tiene la chance de mostrar personalidad. Pero lo cierto es que el actual código de puntuación (cambia cada 4 años) otorga tanto puntaje extra por acrobacias  complejas que las gimnastas se la pasan rebotando, un tanto olvidadas de lo  artístico. Resiste por allí, como dijimos, Nastia Liukin, incapaz de un doble extendido pero capaz, en cambio, de conmovernos. Resiste Isabelle Severino, una francesa que con 1,69 m y 27 años parece tener todo en contra, pero ni se entera y baila como ninguna. Resiste Daria Joura, una australiana sonriente que es de las pocas que parece disfrutar lo que está haciendo. Las norteamericanas se llevan todas las medallas. Resisten también alguna rusa y alguna china, aunque la estrella Cheng Fei haya  sucumbido al modelo de acrobacia poderosa. Los que amamos la gimnasia, que es poder pero también es arte, resistimos con ellas. No importa quien se lleve las medallas.

 

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Diez, La Mujer Perfecta: por qué Nadia Comaneci es la figura emblemática de la gimnasia femenina.

Por: Maria de Lourdes Morando

Podemos estar seguros de que nadie que no sea fanático de la gimnasia sabrá decirnos el nombre de la actual campeona del mundo, pero todos habrán oído hablar alguna vez de Nadia Comaneci, una atleta rumana que se retiró hace más de dos décadas, no es la mayor medallista de la historia y ni siquiera llegó a ser campeona mundial. ¿Por qué? Veamos…

Primera parada previa: Munich, 1972. Juegos Olímpicos. La competencia de gimnasia es dominada ampliamente por la soviética Olga Korbut, quien con sus 1,49 m de altura, 39 kg y 17 años, es por lejos la gimnasta más joven, baja y menuda del certamen. Olga es la primera persona en realizar con éxito un elemento acrobático en las paralelas asimétricas. Los técnicos de las principales potencias de la gimnasia toman nota. Una nueva era está por comenzar…

Segunda parada previa: Rumania, poco después. Influenciado por lo visto en Munich, el entrenador Bela Karolyi se pone a estudiar biofísica y descubre, entre otras cosas, que quien pretenda pasar acrobáticamente de una paralela asimétrica a la otra (algo nunca intentado hasta el momento), se encontrará con la oposición de una fuerza equivalente a 3,8 veces su propio peso. La cuenta es rápida: para realizar el pasaje, una gimnasta de 50 kg deberá desplegar en pocos segundos una fuerza de aproximadamente ¡200 kg! El bueno de Bela sigue estudiando y llega a otra conclusión sorprendente: la persona ideal para encarar tal hazaña no es un patovica, como podría pensarse, sino una niña diminuta pero musculosa, específicamente una que, pesando lo menos posible, sea capaz de convertir la mayor parte de ese peso en fuerza. De yapa, este biotipo minúsculo resulta también óptimo para la viga de equilibrio (cuanto más baja es una gimnasta, más cerca está su centro de gravedad de la viga, y le resulta más fácil mantener el equilibrio), y abre las puertas a un sinfín de combinaciones acrobáticas para el ejercicio de suelo hasta entonces impensadas. La nueva era ya había comenzado.

Aparece Nadia.

Nadia Elena Comaneci nació en Onesti (Bucarest), el 12 de noviembre de 1961. A los 6 años, sus padres, buscando canalizar su desbordante energía (debía tenerlos hartos), la mandan a practicar gimnasia. No tarda en cruzarse con Karolyi, quien, fascinado por su talento y su menudo físico, ve en ella la pupila ideal para la aplicación de sus recientes descubrimientos.

No se equivoca: en marzo de 1976, con apenas 14 años, Nadia se convierte en la primera gimnasta de la historia en obtener un puntaje perfecto al recibir, en la tradicional American Cup, un 10 por su ejecución en suelo. Pero la American Cup es seguida sólo por los amantes de la gimnasia, y pocos se enteran de su logro.

Los Juegos Olímpicos, claro, son otra cosa, y en julio de ese mismo año, en Montreal, Nadia (Ya campeona de Europa) captura, ahora sí, la atención del mundo. Está tan por delante del resto de las competidoras, que los jueces se ven obligados a recurrir no una, sino 7 veces al puntaje ideal para premiar sus impecables performances de viga y asimétricas. No es que otros entrenadores no hubieran descubierto, como Karolyi, las ventajas de un físico pequeño en la gimnasia: todos estaban trabajando ya en ese sentido. Pero Nadia Comaneci fue la primera en explotar al máximo las posibilidades que este nuevo biotipo ofrecía. Por eso es legendaria. Porque mostró cúanto más lejos podía irse en este deporte. Luego llegaron gimnastas que la superaron en dificultad, sí. Pero fue posible porque ella marcó el camino. Nadia es los Beatles de la gimnasia.

Montreal y después.

La repercusión de su hazaña en los juegos fue enorme: el mundo entero amó a esa niñita capaz de las más increíbles proezas. Unida a su talento, su extrema juventud  terminaba de ganarle todas las simpatías, como bien podría dar fe su rival directa en esa competencia, la soviética Nellie Kim. Nellie era una gimnasta realmente sensacional, pero a sus 19 años ya tenía aspecto de poder casarse o trabajar en una escribanía, mientras que Nadia era pequeñita y adorable y se embolsillaba al público como quería. (Nellie Kim es hoy la presidente de la comisión técnica de la Federación Internacional de Gimnasia, y si sigue un poco resentida, la verdad está en todo su derecho). Con el tiempo, Nadia fue perdiendo, claro, ese aspecto de bebé, pero su aura de leyenda continuó intacta. Al retirarse, en 1984, se dedicó a formar a las  nuevas generaciones de  gimnastas, pero, cansada de ser utilizada como propaganda por el régimen del dictador Ceausescu, terminó huyendo a los EE. UU. ayudada por un exiliado rumano casado y padre de 4 hijos, cuya compañía, para desazón de los mal pensados, pronto cambió por la del gimnasta norteamericano Bart Conner, con quien vive feliz desde entonces. Tras la caída del régimen de Ceausescu, Nadia divide su tiempo entre su escuela de gimnasia en los Estados Unidos y sus actividades de promoción del deporte en su país natal. En las competencias, no lo oculta, su corazón está con Rumania. Siempre es bueno volver a ver alguna de sus actuaciones. La ejecución sigue siendo admirable, y la dificultad, hoy mínima, es la que hizo posible todo.

Salud, Nadia. Tanto te debemos.

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Empezando por el principio:Aquí están, estos son, los aparatos en los que se compite en gimnasia.

Hoy: Salto

Por: Maria de Lourdes Morando

El salto es el ejercicio más dinámico, intenso y breve de la gimnasia. Hasta el 2001 se saltaba un caballete, pero desde el mundial de aquel año lo han reemplazado por una mesa de salto levemente inclinada que los gimnastas adoran y que ha venido a reducir notablemente las posibilidades de que un mal salto termine en carnicería. Dicha mesa se eleva a 1,25m del suelo para las mujeres, y a 1,35m para los hombres.
 El salto propiamente dicho: luego de una carrera de 25m, el/la gimnasta llega hasta un trampolín que lo propulsará en su primer vuelo, es decir hasta tocar con ambas manos la mesa de salto. De este contacto deberá obtener el empuje que le permita realizar el segundo vuelo, o sea, pasar por encima de la mesa de salto realizando en el aire algún tipo de figura acrobática y, si tenemos suerte, finalizar el ejercicio clavando el aterrizaje, es decir, quedándose parado donde los pies tocaron el suelo.

Por qué es casi una hazaña: porque para realizar un salto con la altura y fuerza necesarias hay que liberar una potencia enorme, que deberá después reducirse a nada en un segundo, si se quiere clavar el salto y no salir rodando gimnasio abajo. Hace falta mucha sangre fría y un gran valor, por no decir una guarangada, para correr 25m contra un objeto sólido, saltar sobre un trampolín que te dispara como bala de cañón, y todavía acordarse de evolucionar por el aire sin perder la elegancia, y de aterrizar con los dos pies juntos.
 Tipos de entradas: en gimnasia artística, los elementos nuevos reciben el nombre del primer atleta que los realizó en competencias internacionales. Por eso, las formas más populares de entrarle a la mesa de salto, además de la frontal (apoyar ambas manos sobre la mesa de salto de frente a ésta), se llaman Yurchenko (la gran Natalia Yurchenko la realizó por primera vez en 1983) y Tsukahara (el legendario Mitsuo Tsukahara la dio a conocer en 1972), y consisten respectivamente en realizar una “medialuna”, al final de la carrera hacia la mesa, y en cambiar de frente ( ½ giro) durante el primer vuelo.


En qué se fijan los jueces: (y en qué se puede fijar uno, para aprender a reconocer a los especialistas en este aparato) un salto perfecto es aquél en el que: el/la gimnasta apoya sus manos en la tabla sin doblar los codos, alcanza una buena altura, mantiene las piernas juntas y los tobillos pegados desde que abandona el trampolín hasta que aterriza, no dobla las rodillas durante los vuelos, aterriza a una cierta distancia del aparato, (ni muy cerca ni muy lejos), en línea con el mismo, (ni muy a la izquierda ni muy a la derecha), clava la llegada, aterriza “alto” (no en cuclillas), y no baja el pecho al aterrizar. Sí, todo eso.
Para ir tomándole el gusto, aquí van algunos saltos memorables. Que los disfruten:

Ejecución exquisita:
Svetlana Boguinskaya, gimnasta bielorrusa a mi juicio sobrevalorada en algunos aspectos, pero ciertamente genial en lo artístico, durante la final individual del mundial ´89. No son saltos de una gran dificultad, pero muestran altura, elegancia, una técnica perfecta de principio a fin y un aterrizaje para la envidia. La entrada es la famosa Yurchenko.
Lo mismo, pero difícil: la china Cheng Fei ganando por robo la final de este aparato en el mundial del 2005. El primer salto es un Yurchenko con 2 y ½ giros, probablemente el más difícil de la gimnasia femenina, y el segundo, un salto popularizado por el chino Li Xiaopeng y que, hasta ese momento, ninguna mujer había alcanzado la potencia para realizar. El solo hecho de intentarlos ya es causal de medalla, pero la pequeña Fei se descuelga además con una técnica y un control increíbles. Alucinante.
Un oro imposible de discutir:
Marian Dragulescu (Rumania) dando cátedra en la final por aparatos del mundial 2006. Su primer intento, un salto de por sí dificilísimo al que esta bestia agrega un cambio de frente al aterrizar (este ejercicio lleva hoy su nombre), alcanza una altura imposible. El segundo, si se fijan bien, es el complejísimo Xiaopeng al que se atreve nuestra valiente Cheng Fei en el video anterior. Uno más difícil que el otro, los dos magistrales.
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Aquí están, éstos son, los aparatos en los que se compite en gimnasia artística (II)

Hoy: la barra fija y las paralelas asimétricas.

Por: Maria de Lourdes Morando

  Qué son: la barra fija es, seguramente, uno de los aparatos más antiguos de la gimnasia, de aquellos que idearon los romanos cuando, allá lejos y hace tiempo, empezaron a pensar rutinas que mejoraran la condición física de sus soldados. Se alza a 2,78 m del suelo, tiene 2,40 m de largo y 29 mm de diámetro. Sus primas de la gimnasia femenina, las paralelas asimétricas, han sido calificadas alguna vez de “doble barra fija”, y son, de hecho, algo muy parecido a eso, con dos barras del mismo largo (2,40m) y 4 cm de diámetro, a 2,45 y 1,65 m de altura desde el piso respectivamente. Pero probablemente aquí se acaben las semejanzas. La barra fija, en la que es muy común ver a los gimnastas realizar hoy movimientos que datan de los primeros años del siglo XX, es un aparato dinámico, ideal para que los gimnastas desplieguen toda su potencia en giros veloces y espectaculares series acrobáticas. Las asimétricas, durante mucho tiempo una excusa para que las gimnastas lucieran su flexibilidad y su elegancia, son hoy un aparato complejísimo que exige las proezas acrobáticas de la barra fija sin renunciar a nada de aquella fineza original. Las barras, originalmente colocadas a una distancia escasa que no alentaba ni a la más tímida de las acrobacias, acompañaron esta evolución, separándose cada vez más para permitir a las nuevas generaciones de chicas superpoderosas seguir asombrándonos a su gusto.
Rutinas perfectas, y de las otras: en las rutinas de barra fija o asimétricas, encontraremos elementos acrobáticos, con suelta y retoma de las barras, piruetas (cambios de dirección o giros sobre las barras) y una salida que incluya también acrobacia, como mortales, giros o combinaciones de ambos. En todos los casos, los jueces exigen que: el/la gimnasta alcancen una vertical total sobre la barra cada vez que pasan por encima de ella, con los pies perfectamente alineados con la cabeza; que las piernas, tobillos y pies permanezcan siempre completamente juntos, con los pulgares apuntando al techo, y los codos jamás se doblen; que las piruetas se completen en la posición vertical antes mencionada; que la rutina nunca pierda la fluidez y mantenga un ritmo, y que los movimientos acrobáticos tengan amplitud y altura sobre la barra. Sí, todo eso.

Por qué es casi una hazaña: en el caso de la barra fija, porque hay que desplegar y a la vez controlar una fuerza enorme. En el de las asimétricas, porque este tremendo despliegue de fuerza debe realizarse además con toda gracia y elegancia, como si en realidad, no implicara esfuerzo alguno.
 Para ir tomándole el gusto: aquí, algunas rutinas de antología:

Maestras: en paralelas asimétricas, si hablamos de tenerlo todo (como pregona la famosa marca de cosméticos) hablamos de gimnastas chinas. Cualquiera de sus rutinas deslumbrará con líneas elegantes y exquisitas, acrobacia que quita el aliento y un ritmo que no decae nunca, pero estas dos en particular van todavía más allá e incorporan elementos propios de la barra fija masculina que, supuestamente, las mujeres no tienen la potencia necesaria para realizar. Con ustedes, Mo Huilan y su mortal Gaylord (En 00:15 del video) y Liu Xuan y su giro gigante con un solo brazo.

La diva, la reina: el comienzo de la era de la acrobacia en las asimétricas coincidió con la aparición de un nuevo biotipo de gimnasta, la niña musculosa y diminuta, aparentemente ideal para evolucionar entre las barras. Svetlana Khorkina, gimnasta rusa mal llevada y genial de la que ya hablaremos (y mucho), no tenía por cierto estas características: alta y delgadísima, nadie quería entrenarla hasta que se cruzó con el técnico Boris Pilkin, idearon una rutina que convertía sus inconvenientes piernas largas en ventaja, y dejaron al mundo con la boca abierta. Reinó en este aparato desde 1994 hasta su retiro, diez años más tarde. No habrá ninguna igual.

La leyenda: el primer 10 perfecto otorgado en juegos olímpicos fue para esta rutina de asimétricas que marca el comienzo exacto de la evolución de este aparato hacia lo que es hoy (Vean lo cerca que estaban las barras) . Un ejercicio histórico, con una Nadia Comaneci iluminada para una ejecución sin fallas.
4 al hilo: en el año 2003, el norteamericano Paul Hamm se coronó campeón mundial individual gracias a esta rutina increíble que enhebraba ¡cuatro! elementos acrobáticos seguidos. Al pobre Paul no siempre le salía, pero con una dificultad  tan grande francamente no hay mucho para reprocharle. Desde entonces, nadie ha vuelto a intentar esta proeza. O tal vez sí, Y una china menudita nos sorprenda con ella en Beijing 2008
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Elena Shushunova:

en una competencia tan reñida como la final de Seúl'88, las mejores gimnastas terminan imponiéndose por su calidad en los pequeños detalles. En el caso de Shushunova, tan pareja con Silivas, me atrevo a afirmar que todo se decidió para ella a los 1'20'' de esta rutina de suelo, y por un sólo movimiento. Pero qué movimiento… Disfruten de una Elena en su mejor forma, con una rutina fuerte, a su medida, después de desastrosos intentos de imponerle un estilo etéreo que no era el suyo, y un fabuloso mortal atrás sobre las rodillas que nadie, nunca, ha logrado repetir:

 

 

(Si no visualizas el video presiona sobre el nombre)

Shannon Miller:

en la pelea por el oro en Barcelona’92, a Shannon le tocó cerrar su participación en uno de sus mejores aparatos, el salto. Y produjo este ejercicio perfecto que tal vez, por ser el último, hizo parecer su derrota más injusta de lo que en realidad era:

 

 

 

 

(Si no visualizas el video presiona sobre el nombre)

Tatiana Gutsu:

¿Por qué ganó Tatiana? .Porque a ejecuciones de gran limpieza técnica le sumaba elementos de una dificultad asombrosa, comos los que esta rutina de viga desparrama de principio a fin. Especialmente impresionantes: el mortal atrás con pirueta del comienzo, y la complejísima-y perfecta- salida 
 

(Si no visualizas el video presiona sobre el nombre)