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Por: Maria de Lourdes Morando Por qué amo la gimnasia artística, y de qué va a tratarse esta columna Cada mínimo elemento de la gimnasia artística encierra una dificultad enorme. No sólo las increíbles series acrobáticas, no sólo los saltos de extensión imposible: los movimientos más básicos de cualquier rutina son el resultado de miles de horas de entrenamiento y sacrificio por parte de atletas que, en su inmensa mayoría, jamás conocerán la gloria de títulos mundiales o medallas olímpicas. El más pequeño error puede llevar a una dolorosa caída: completar una rutina, incluso las más pobremente ejecutadas, exige siempre grandes dosis de esfuerzo, determinación y coraje. Y aún así, créase o no, hay quienes consiguen elevar cada movimiento a la categoría de arte… ¿Ya están interesados? Ojalá que sí, porque ése es exactamente el propósito de esta columna: acercar el fascinante espectáculo de la gimnasia a todo aquél que quiera disfrutarlo. Prometo drama, acción, suspenso, romance, aventura y algunos chismes. Semana a semana, encontrarán aquí datos, curiosidades, biografías, campeonatos inolvidables y también algunas nociones técnicas básicas, porque este es un deporte artístico, y sus rutinas, como las obras de arte, pueden gustarte aunque no entiendas nada, pero se disfrutan mucho más si uno sabe qué mirar… También quiero invitar a quienes ya sean fanáticos de este deporte, que en la Argentina cuenta con tan pocos espacios, a utilizar éste como foro para opinar, comentar, discutir, preguntar, compartir, pelearse o lo que tengan ganas: son bienvenidos.
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Beijing 2008: Videos Recomendados |
Aclaración: el Comité Olímpico internacional impidió que cualquier grabación de las competencias en Beijing fuera subida a sitios como YouTube, pero las rutinas que van a ver, aunque correspondan a otros torneos, son las mismas que los atletas presentaron en los Juegos. Que las disfruten. |
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Rumbo a Beijing: aquellos duelos Por: Maria de Lourdes Morando En poco tiempo comenzarán, una vez más, los juegos olímpicos. Desde Beijing nos prometen los más espectaculares que hayamos conocido. La competencia por equipos en gimnasia femenina se anticipa sabrosa, con chinas y norteamericanas dispuestas a todo por el primer lugar. Pero hay algo que estos juegos, pese a su perfecta organización, no podrán ofrecernos. Nuevamente, como desde hace ya varios años, no habrá allí dos supergimnastas peleando por la medalla dorada individual. Lejos quedaron los días en que dos princesas de este deporte dividían a los fanáticos y nos mantenían atornillados a los asientos, en un duelo de perfección que no se resolvía hasta el último segundo de competencia. En memoria de tiempos mejores, y más emocionantes, les traigo hoy estos dos ejemplos: Shushunova vs. Silivas. Seúl, 1988. En este rincón, por la Unión Soviética, Elena Shushunova, 19 años, lo que en gimnasia (sobre todo en esa época) significa que no habrá otra oportunidad, un estilo fuerte y agresivo algo insólito para un equipo acostumbrado a brillar en lo artístico, ejercicios de una dificultad alucinante. En el otro rincón, por Rumania, Daniela Silivas, 17 años pero mucha experiencia –gracias a la habitual treta rumana de falsificar edades competía internacionalmente desde los 13- gran bailarina, precisa, fresca y alegre, una de las pocas gimnastas que parecía disfrutar de lo que estaba haciendo. Elena y Daniela llegan a la final individual separadas por 0.05 puntos, y pelean cada ejercicio con el alma. Saben que cualquier mínimo error les costará el oro. Y no los cometen. El último ejercicio de la noche, el que decide todo, es el salto. |
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Para Silivas no es un aparato fuerte, pero en esas instancias cuentan casi únicamente el corazón y la garra. La alta calificación que obtiene fuerza a Shushunova a obtener un 10 perfecto para llevarse el oro. Algo imposible bajo esa presión. Pero Elena lo hace. No una, sino dos veces. Hasta hoy se discute quien debió ganar. El humilde voto de esta columna es por Shushunova, que no era linda, ni carismática. Apenas gigante cuando de hacer gimnasia se trataba. Barcelona, 1992. La bielorrusa Svetlana Boguinskaya había tenido una participación destacada en las olimpíadas anteriores, llevándose el bronce en la individual general. Pero los de España iban a ser sus últimos juegos- ya tenía 19 años- e iba por toda la gloria. El mundial de Indianápolis, un año antes, le había puesto nombre a su rival : Kim Zmeskal, diminuta, norteamericana. Entrenada por Bela Karolyi, el legendario técnico rumano ahora afincado en los Estados Unidos, Kim le arrebató la corona mundial en un duelo caliente que incluyó insultos de la bielorrusa y abucheos varios por parte del público. Alegando que sólo había triunfado por ser local, Svetlana se negó a saludarla en el podio y prometió que en Europa las cosas serían diferentes. Europa eran los Juegos Olímpicos, y todos morían por verlas enfrentarse nuevamente. Pero en aquella esperadísima final, Zmeskal cometió de movida un error que la marginó de la lucha por el primer lugar, y las rutinas de Svetlana, perfectamente ejecutadas pero algo escasas de dificultad, no lograron convencer al jurado. Y así fue como el duelo de la noche terminó teniendo dos protagonistas inesperadas. |
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Tatiana Gutsu venía de Ucrania, parecía una muñeca de porcelana, realizaba ejercicios de una dificultad increíble, tenía la mirada siempre triste. Su talento para la gimnasia había llevado a su numerosa familia de una minúscula habitación a un amplio piso con vista al Mar Negro; tal vez demasiadas cosas dependían de ella, que apenas si tenía 15 años. La norteamericana Shannon Miller también tenía 15 años, ejercicios complejos y parecía de porcelana, blanca y rubia, pero hacía gimnasia para divertirse, y su mamá hasta la había acompañado a perfeccionarse a Rusia. En un final para el infarto, Tatiana terminó llevándose el oro por 0,012 puntos, el margen más estrecho en la historia olímpica. Como en el caso anterior, todavía hay gente polemizando sobre la justicia del resultado. Algunos sostienen que a Estados Unidos, que recién asomaba como potencia, no lo dejaron superar a la histórica ex Unión Soviética. No parece muy posible. Consultados otra vez, nuestro corazoncito va hacia Tatiana, por la ternura que daba verla realizar maravillas casi con resignación… Hasta la próxima! |
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Aquí están, éstos son, los aparatos en los que se compite en gimnasia Hoy: las paralelas, las anillas, el caballo con arzones. Por: Maria de Lourdes Morando |
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Llegamos hoy al final de nuestra recorrida por los distintos aparatos de la gimnasia artística, con los tres que son patrimonio exclusivo de la competencia masculina, los menos emparentados con los de la competencia femenina, y, lamento decirlo, los más aburridos para el público no iniciado. Sucede que son aparatos que permiten un rango limitado de movimientos y que no dejan mucho lugar para la creatividad y la innovación, por lo que las competencias suelen consistir en un desfile de gimnastas haciendo exactamente lo mismo, con mínimas variaciones, a ver a quién le sale mejor... Para el espectador puede resultar aburrido, pero también es una buena oportunidad para descubrir si nos estamos volviendo expertos y somos capaces de detectar, en rutinas en apariencia iguales, la mayor dificultad en la combinación de elementos o una mayor limpieza en la ejecución. Los ejercicios superiores son aquellos en los que el gimnasta mantiene todo el tiempo la forma (piernas siempre extendidas y juntas, o rodillas y codos que no se doblan, por ejemplo), enlaza elementos en forma dinámica, sin pausas, y sostiene los elementos de fuerza durante, al menos, dos segundos. |
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Otro aspecto para prestarle atención es en cuántas finales distintas vemos a un mismo gimnasta, ya que la respuesta probablemente sea solamente en una. En los Juegos Olímpicos de 1992, en Barcelona, el alucinante bielorruso Vitaly Scherbo se llevó 6 medallas doradas (sobre 8 posibles), pero esa época es pasado. El nuevo código de puntuación, que requiere más y más dificultad, ha venido a profundizar un fenómeno que en la gimnasia femenina se da mucho menos, pero en la masculina es moneda corriente: la especialización de los gimnastas. Cada vez es más notoria la división entre gimnastas que trabajan para obtener un nivel parejo en los 6 aparatos para competir en el concurso completo, y los que se dedican sólo a uno. Así que cuando veamos a un gimnasta aparecer en una y sólo una final por aparatos sabremos que se está jugando la vida, porque, por increíble que parezca, es alguien que pasa horas y horas en un gimnasio perfeccionando hasta límites demenciales los más mínimos detalles de una única rutina. Lo de jugarse la vida no es una metáfora: el sueño mayor de todo gimnasta es siempre la medalla olímpica, y competir en un solo aparato reduce las posibilidades de clasificar para los Juegos a una única chance: ganar la final del mundial del año anterior a las Olimpíadas. Imagínense: un mal día de competencia, un mínimo error, y años de esfuerzos se vuelven, en un segundo, inútiles. Le pasó en el último mundial a Yuri Van Gelder, un holandés sin rival en las anillas, que curiosamente lleva el nombre de la mayor leyenda de este aparato (ya sabrán quién), y que tras quedar segundo en la final, depende ahora de una invitación de la Federación Internacional para poder estar en Beijing (ustedes dirán: cómo no lo van a invitar…pero son muy capaces de no hacerlo). Así que, si me disculpan, voy a dejarlos en compañía de los mayores especialistas de estos tres eventos, y me voy a prender una velita por el pobre Yuri, que debe estar comiéndose los codos. |
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Aquí están, éstos son, los aparatos en los que se compite en gimnasia Hoy: la viga de equilibrio. Por: Maria de Lourdes Morando |
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| Ojalá la pobre Gabi tenga un monumento en alguna plaza húngara, porque ni siquiera ganó: la campeona, nos informan, fue la italiana Elda Lividino, de 14 años, "por su gracia y artística presentación". Y es que la viga fue durante mucho tiempo un aparato de expresión coreográfica y equilibrio sobre las manos, que apenas si incluía alguna sencillísima acrobacia. Recién en los años ’70, cuando, por seguridad, la viga desnuda de madera fue revestida de cuero y amortiguada sobre resortes, las chicas comenzaron a animarse a movidas más complejas. Una vez más, las pioneras fueron nuestras ya conocidas Olga Korbut y Nadia Comaneci. Poco a poco, los ejercicios empezaron a incluir mayor dificultad, y hoy no es raro ver sobre la viga series acrobáticas difíciles incluso de realizar en suelo. Aunque las rusas marcaron el camino las maestras de este evento son sin duda las chinas, dueñas de las rutinas más bellas, creativas y originales de la historia de la gimnasia, aunque su ya famosa inconsistencia las ha privado de muchísimas medallas que merecían. Que merecían y generalmente han terminado en manos de las rumanas, que no son artísticas para nada pero jamás (reitero: jamás) se caen y probablemente sigan adelante con la rutina aunque les disparen desde las tribunas. De un ejercicio de viga los jueces esperan fluidez, continuidad en el movimiento, seguridad y combinación de elementos. Las series acrobáticas de al menos dos elementos son hoy obligatorias, al igual que el giro de 360º, el split y los movimientos en los que el cuerpo toca la viga. Con la creciente complejización de las rutinas, llegó a hablarse de ensanchar el aparato. Nunca sucedió. Tal vez en la Federación Internacional pensaron que esto atentaba contra la esencia misma del ejercicio. Porque -aunque el talento no viene mal- la viga, ese aparato donde los nervios traicionan más que en ningún otro, es más que nada un asunto de garra, coraje y buena suerte.
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Gloria, apogeo y caída: una historia de la gimnasia rumana. ¿Quieren saber si verdaderamente empezaron a entender de gimnasia artística? Por: Maria de Lourdes Morando |
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Realicen entonces esta prueba infalible: ¿Han comenzado a enojarse con las gimnastas rumanas? Si la respuesta es sí, ¡Felicidades! Están pasando de simples espectadores a conocedores/as. Si la respuesta es no, todavía les falta un poco… o son rumanos. Presencia habitual en los más importantes podios de la gimnasia desde hace ya tres décadas, Rumania ha patentado un estilo impersonal y utilitario que le ha reportado tantos éxitos internacionales como iras por parte de los fanáticos del deporte. El problema resulta especialmente notorio en la gimnasia femenina, ya que de los hombres se espera más que nada un despliegue de fuerza (que los rumanos tienen, y de sobra) y no tanta belleza en los movimientos. Las gimnastas, se supone, tiene en cambio el objetivo de equilibrar poder y gracia, arte y deporte, pero las rumanas pasan olímpicamente de cosas tales como estilo y elegancia en favor de elementos acrobáticos que les permitan sumar más puntos y ganar las competencias. |
| Año a año, los entrenadores de este país nos decepcionan con rutinas robóticas, carentes de todo riesgo, diseñadas para minimizar las chances de error y embolsar todos los títulos. Digámoslo de una vez: ningún amante de la gimnasia hincha por Rumania, o por lo menos no por la Rumania de los ’90, o de los últimos años. Porque esto no siempre fue así. La primavera de la gimnasia rumana comenzó en los juegos olímpicos de Montreal, en 1976, con la diminuta Nadia Comaneci asombrando al mundo de la mano del brillante entrenador Bela Karolyi. Lejos de ser robótica, Nadia era etérea, delicada, pura gracia. Aunque con menos talento, claro,nadie podía igualarla, sus compañeras de equipo lo eran también, y así Rumania sorprendió en aquellos juegos con un progreso espectacular, fruto de una férrea disciplina de trabajo que, justo es reconocer, aún mantienen, y que le permitió ganar la plata por equipos, detrás de la invencible Unión Soviética. Durante el resto de la década del ’70 y hasta bien entrados los ’80, Rumania le disputó el liderazgo a las soviéticas palmo a palmo, en buena ley y con sus mismas armas: la gracia, la potencia, la elegancia, la innovación. Y la gloria llegó, finalmente, en el mundial de Rotterdam, en 1987. Imposible no enamorarse de aquella selección rumana. Del talento imposible de Aurelia Dobre. De la frescura de Daniela Silivas. Del coraje de Ekaterina Szabo, veterana de mil batallas. De esa seguidilla alucinante de rutinas bellas, creativas y sorprendentes que las llevaron a un primer puesto por equipos tan histórico como merecido. Cualquiera hubiera hinchado por Rumania en aquella época. Después llegaron los Juegos Olímpicos de Seúl, en 1988, y aunque las chicas, golpeadas por una grave lesión de Dobre que sólo le permitió mostrar destellos de su increíble talento, tuvieron que volver a conformarse con el segundo puesto grupal, mostraron todavía un estilo artístico y depurado. Aquellos fueron los juegos de Daniela Silivas, que se llevó tres medallas individuales y personificó el estilo etéreo de hacer gimnasia, en contraposición al de la otra figura de aquellas olimpíadas, la soviética Elena Shushunova, bajita, musculosa y pura potencia. |
Cómo cambiaría todo… Cierto es que no se puede culpar a las atletas, o a los técnicos, por este brusco viraje : en un país donde el bienestar económico es muy difícil de alcanzar, la gimnasia es uno de los pocos trabajos que permite tener un buen ingreso, y ese ingreso, pagado por el Estado, depende en gran medida de los resultados obtenidos. |
No es extraño que las gimnastas no quieran arriesgarse, (aunque uno no pueda evitar preguntarse si de chicas no soñaban con ser Nadia, Dobre o Silivas…). Hoy, la gimnasia rumana enfrenta a una grave crisis. Luego de varios ciclos en los que el código de puntuación festejaba una buena ejecución por sobre todas las cosas, la Federación Internacional de Gimnasia se ha decidido a premiar la dificultad de las rutinas, haciendo tambalear las bases mismas del programa rumano. A esto, sobre llovido, mojado, hay que sumarle la renuncia de Belu, en 2005 (luego de un escándalo con gimnastas que se escapaban de los entrenamientos para frecuentar locales nocturnos), con todo lo que implica un cambio de conducción después de tantos años, y la entrada de Rumania en la Unión Europea, que hizo crecer significativamente la economía del país y tuvo un tremendo impacto en la gimnasia: al aparecer otras oportunidades de progresar económicamente, menos gente está dispuesta a deslomarse nueve horas diarias en un gimnasio, o a separarse de sus hijos pequeños para mandarlos al centro de entrenamiento olímpico de Deva, en Transilvania, histórico forjador de campeones. La debacle de la gimnasia rumana es profunda, y por primera vez en muchos años, nadie espera que se lleven el oro olímpico en los próximos juegos de Beijing. Se espera, sí, secretamente, que, puestas a barajar y dar de nuevo, las nuevas generaciones prefieran recuperar, antes que el éxito, la gloria; que una gimnasta rumana vuelva a emocionarnos; y que, si regresan a lo más alto del podio, sea por haber arriesgado, luchado y entregado toda la belleza que hace imposible no amar este deporte. Le rezamos a Santa Nadia para que así sea. |
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Aquí están, éstos son, los aparatos en los que se compite en gimnasia artística (III) Hoy: el ejercicio de suelo. Por: Maria de Lourdes Morando |
Seguimos de recorrida por los distintos aparatos de la gimnasia, amigos, y hoy le toca el turno a un favorito de la hinchada: el ejercicio de suelo, de los más antiguos y llamativos que existen, con sus vistosas series acrobáticas. Las rutinas de suelo tienen una duración predeterminada de entre 50 y 70 segundos para los hombres, y de entre 70 y 90 segundos para las mujeres, y se practican sobre un tapiz de 12x12m montado sobre resortes. Los resortes tienen el doble fin de permitir a los gimnastas alcanzar mayor altura en sus saltos y acrobacias, y de evitar al público el espantoso espectáculo de verlos fracturarse ambas piernas en cada aterrizaje. Los hombres realizan sus ejercicios sin música, y entre serie y serie acrobática enlazan, más que nada, elementos de fuerza. Las mujeres, en cambio, deben obligatoriamente incluir elementos coreográficos, giros y saltos entre mortal y mortal, al ritmo de una música sin voces. Hasta principios de los años ’80, el suelo femenino era básicamente una demostración de danza salpicada por algunas acrobacias simples, que las chicas ejecutaban con el acompañamiento de ¡un pianista en vivo! Como lo leen: en plena era de la música disco, y con el rock cumpliendo ya su segunda década, en la gimnasia seguían dale que dale con la pianolita -era raro-. Por entonces, el tapiz ni siquiera tenía resortes, por la sencilla razón de que no hacían falta: los pases acrobáticos complejos, que requieren de una mayor elevación para ser realizados, sólo serían posibles con la aparición del biotipo de gimnasta diminuta del que ya hemos hablado en esta columna. La pionera en el cambio fue, una vez más, Nadia Comaneci, cuando en la American Cup ’76 deslumbró con un doble mortal atrás, un salto que hoy por hoy es demasiado sencillo para la alta competencia, pero que en aquel suelo sin rebote resultaba poco menos que un milagro (Nadia era mágica, todas querían ser Nadia). |
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En el caso puntual del ejercicio de suelo, ser bajita no es una ventaja, es una necesidad. Es muy difícil para una persona de estatura promedio alcanzar la altura suficiente para completar un mortal en el aire. (Pregúntenle si no a Svetlana Khorkina, diva rusa que pasó toda su carrera disimulando a fuerza de gracia y carisma lo que sus largas piernas le impedían realizar…). Para pases acrobáticos con alto grado de dificultad, también es necesaria una enorme potencia, que no todas las gimnastas poseen. Un buen ejemplo de esto resulta Nastia Liukin, estrella del actual equipo norteamericano que deslumbra en viga y paralelas y es reconocida por su elegancia al bailar, pero carece de la fuerza necesaria para las acrobacias más complejas. También las gimnastas chinas, menudísimas por naturaleza, suelen tener problemas para realizar pases difíciles, aunque lo compensan con una férrea formación en ballet y coreografías deliciosas. Las norteamericanas son el ejemplo típico de gimnasta explosiva, más poderosa que bella. Las rumanas son famosas por sus increíbles acrobacias y sus coreografías espantosas. Las rusas, por el cuidado y la delicadeza que ponen en ambos aspectos de su rutina. |
Suele decirse que el suelo es el ejercicio en el que la gimnasta tiene la chance de mostrar personalidad. Pero lo cierto es que el actual código de puntuación (cambia cada 4 años) otorga tanto puntaje extra por acrobacias complejas que las gimnastas se la pasan rebotando, un tanto olvidadas de lo artístico. Resiste por allí, como dijimos, Nastia Liukin, incapaz de un doble extendido pero capaz, en cambio, de conmovernos. Resiste Isabelle Severino, una francesa que con 1,69 m y 27 años parece tener todo en contra, pero ni se entera y baila como ninguna. Resiste Daria Joura, una australiana sonriente que es de las pocas que parece disfrutar lo que está haciendo. Las norteamericanas se llevan todas las medallas. Resisten también alguna rusa y alguna china, aunque la estrella Cheng Fei haya sucumbido al modelo de acrobacia poderosa. Los que amamos la gimnasia, que es poder pero también es arte, resistimos con ellas. No importa quien se lleve las medallas.
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Diez, La Mujer Perfecta: por qué Nadia Comaneci es la figura emblemática de la gimnasia femenina. Por: Maria de Lourdes Morando |
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Podemos estar seguros de que nadie que no sea fanático de la gimnasia sabrá decirnos el nombre de la actual campeona del mundo, pero todos habrán oído hablar alguna vez de Nadia Comaneci, una atleta rumana que se retiró hace más de dos décadas, no es la mayor medallista de la historia y ni siquiera llegó a ser campeona mundial. ¿Por qué? Veamos… Primera parada previa: Munich, 1972. Juegos Olímpicos. La competencia de gimnasia es dominada ampliamente por la soviética Olga Korbut, quien con sus 1,49 m de altura, 39 kg y 17 años, es por lejos la gimnasta más joven, baja y menuda del certamen. Olga es la primera persona en realizar con éxito un elemento acrobático en las paralelas asimétricas. Los técnicos de las principales potencias de la gimnasia toman nota. Una nueva era está por comenzar… Segunda parada previa: Rumania, poco después. Influenciado por lo visto en Munich, el entrenador Bela Karolyi se pone a estudiar biofísica y descubre, entre otras cosas, que quien pretenda pasar acrobáticamente de una paralela asimétrica a la otra (algo nunca intentado hasta el momento), se encontrará con la oposición de una fuerza equivalente a 3,8 veces su propio peso. La cuenta es rápida: para realizar el pasaje, una gimnasta de 50 kg deberá desplegar en pocos segundos una fuerza de aproximadamente ¡200 kg! El bueno de Bela sigue estudiando y llega a otra conclusión sorprendente: la persona ideal para encarar tal hazaña no es un patovica, como podría pensarse, sino una niña diminuta pero musculosa, específicamente una que, pesando lo menos posible, sea capaz de convertir la mayor parte de ese peso en fuerza. De yapa, este biotipo minúsculo resulta también óptimo para la viga de equilibrio (cuanto más baja es una gimnasta, más cerca está su centro de gravedad de la viga, y le resulta más fácil mantener el equilibrio), y abre las puertas a un sinfín de combinaciones acrobáticas para el ejercicio de suelo hasta entonces impensadas. La nueva era ya había comenzado. Aparece Nadia. Nadia Elena Comaneci nació en Onesti (Bucarest), el 12 de noviembre de 1961. A los 6 años, sus padres, buscando canalizar su desbordante energía (debía tenerlos hartos), la mandan a practicar gimnasia. No tarda en cruzarse con Karolyi, quien, fascinado por su talento y su menudo físico, ve en ella la pupila ideal para la aplicación de sus recientes descubrimientos. |
No se equivoca: en marzo de 1976, con apenas 14 años, Nadia se convierte en la primera gimnasta de la historia en obtener un puntaje perfecto al recibir, en la tradicional American Cup, un 10 por su ejecución en suelo. Pero la American Cup es seguida sólo por los amantes de la gimnasia, y pocos se enteran de su logro. Los Juegos Olímpicos, claro, son otra cosa, y en julio de ese mismo año, en Montreal, Nadia (Ya campeona de Europa) captura, ahora sí, la atención del mundo. Está tan por delante del resto de las competidoras, que los jueces se ven obligados a recurrir no una, sino 7 veces al puntaje ideal para premiar sus impecables performances de viga y asimétricas. No es que otros entrenadores no hubieran descubierto, como Karolyi, las ventajas de un físico pequeño en la gimnasia: todos estaban trabajando ya en ese sentido. Pero Nadia Comaneci fue la primera en explotar al máximo las posibilidades que este nuevo biotipo ofrecía. Por eso es legendaria. Porque mostró cúanto más lejos podía irse en este deporte. Luego llegaron gimnastas que la superaron en dificultad, sí. Pero fue posible porque ella marcó el camino. Nadia es los Beatles de la gimnasia. |
Montreal y después. La repercusión de su hazaña en los juegos fue enorme: el mundo entero amó a esa niñita capaz de las más increíbles proezas. Unida a su talento, su extrema juventud terminaba de ganarle todas las simpatías, como bien podría dar fe su rival directa en esa competencia, la soviética Nellie Kim. Nellie era una gimnasta realmente sensacional, pero a sus 19 años ya tenía aspecto de poder casarse o trabajar en una escribanía, mientras que Nadia era pequeñita y adorable y se embolsillaba al público como quería. (Nellie Kim es hoy la presidente de la comisión técnica de la Federación Internacional de Gimnasia, y si sigue un poco resentida, la verdad está en todo su derecho). Con el tiempo, Nadia fue perdiendo, claro, ese aspecto de bebé, pero su aura de leyenda continuó intacta. Al retirarse, en 1984, se dedicó a formar a las nuevas generaciones de gimnastas, pero, cansada de ser utilizada como propaganda por el régimen del dictador Ceausescu, terminó huyendo a los EE. UU. ayudada por un exiliado rumano casado y padre de 4 hijos, cuya compañía, para desazón de los mal pensados, pronto cambió por la del gimnasta norteamericano Bart Conner, con quien vive feliz desde entonces. Tras la caída del régimen de Ceausescu, Nadia divide su tiempo entre su escuela de gimnasia en los Estados Unidos y sus actividades de promoción del deporte en su país natal. En las competencias, no lo oculta, su corazón está con Rumania. Siempre es bueno volver a ver alguna de sus actuaciones. La ejecución sigue siendo admirable, y la dificultad, hoy mínima, es la que hizo posible todo. Salud, Nadia. Tanto te debemos. |
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Empezando por el principio:Aquí están, estos son, los aparatos en los que se compite en gimnasia. Hoy: Salto Por: Maria de Lourdes Morando |
El salto es el ejercicio más dinámico, intenso y breve de la gimnasia. Hasta el 2001 se saltaba un caballete, pero desde el mundial de aquel año lo han reemplazado por una mesa de salto levemente inclinada que los gimnastas adoran y que ha venido a reducir notablemente las posibilidades de que un mal salto termine en carnicería. Dicha mesa se eleva a 1,25m del suelo para las mujeres, y a 1,35m para los hombres. Por qué es casi una hazaña: porque para realizar un salto con la altura y fuerza necesarias hay que liberar una potencia enorme, que deberá después reducirse a nada en un segundo, si se quiere clavar el salto y no salir rodando gimnasio abajo. Hace falta mucha sangre fría y un gran valor, por no decir una guarangada, para correr 25m contra un objeto sólido, saltar sobre un trampolín que te dispara como bala de cañón, y todavía acordarse de evolucionar por el aire sin perder la elegancia, y de aterrizar con los dos pies juntos.
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Aquí están, éstos son, los aparatos en los que se compite en gimnasia artística (II) Hoy: la barra fija y las paralelas asimétricas. Por: Maria de Lourdes Morando |
| Qué son: la barra fija es, seguramente, uno de los aparatos más antiguos de la gimnasia, de aquellos que idearon los romanos cuando, allá lejos y hace tiempo, empezaron a pensar rutinas que mejoraran la condición física de sus soldados. Se alza a 2,78 m del suelo, tiene 2,40 m de largo y 29 mm de diámetro. Sus primas de la gimnasia femenina, las paralelas asimétricas, han sido calificadas alguna vez de “doble barra fija”, y son, de hecho, algo muy parecido a eso, con dos barras del mismo largo (2,40m) y 4 cm de diámetro, a 2,45 y 1,65 m de altura desde el piso respectivamente. Pero probablemente aquí se acaben las semejanzas. La barra fija, en la que es muy común ver a los gimnastas realizar hoy movimientos que datan de los primeros años del siglo XX, es un aparato dinámico, ideal para que los gimnastas desplieguen toda su potencia en giros veloces y espectaculares series acrobáticas. Las asimétricas, durante mucho tiempo una excusa para que las gimnastas lucieran su flexibilidad y su elegancia, son hoy un aparato complejísimo que exige las proezas acrobáticas de la barra fija sin renunciar a nada de aquella fineza original. Las barras, originalmente colocadas a una distancia escasa que no alentaba ni a la más tímida de las acrobacias, acompañaron esta evolución, separándose cada vez más para permitir a las nuevas generaciones de chicas superpoderosas seguir asombrándonos a su gusto. |
| Rutinas perfectas, y de las otras: en las rutinas de barra fija o asimétricas, encontraremos elementos acrobáticos, con suelta y retoma de las barras, piruetas (cambios de dirección o giros sobre las barras) y una salida que incluya también acrobacia, como mortales, giros o combinaciones de ambos. En todos los casos, los jueces exigen que: el/la gimnasta alcancen una vertical total sobre la barra cada vez que pasan por encima de ella, con los pies perfectamente alineados con la cabeza; que las piernas, tobillos y pies permanezcan siempre completamente juntos, con los pulgares apuntando al techo, y los codos jamás se doblen; que las piruetas se completen en la posición vertical antes mencionada; que la rutina nunca pierda la fluidez y mantenga un ritmo, y que los movimientos acrobáticos tengan amplitud y altura sobre la barra. Sí, todo eso. |
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en una competencia tan reñida como la final de Seúl'88, las mejores gimnastas terminan imponiéndose por su calidad en los pequeños detalles. En el caso de Shushunova, tan pareja con Silivas, me atrevo a afirmar que todo se decidió para ella a los 1'20'' de esta rutina de suelo, y por un sólo movimiento. Pero qué movimiento… Disfruten de una Elena en su mejor forma, con una rutina fuerte, a su medida, después de desastrosos intentos de imponerle un estilo etéreo que no era el suyo, y un fabuloso mortal atrás sobre las rodillas que nadie, nunca, ha logrado repetir:
(Si no visualizas el video presiona sobre el nombre) |
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en la pelea por el oro en Barcelona’92, a Shannon le tocó cerrar su participación en uno de sus mejores aparatos, el salto. Y produjo este ejercicio perfecto que tal vez, por ser el último, hizo parecer su derrota más injusta de lo que en realidad era:
(Si no visualizas el video presiona sobre el nombre) |
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¿Por qué ganó Tatiana? .Porque a ejecuciones de gran limpieza técnica le sumaba elementos de una dificultad asombrosa, comos los que esta rutina de viga desparrama de principio a fin. Especialmente impresionantes: el mortal atrás con pirueta del comienzo, y la complejísima-y perfecta- salida |